Por Gabriela Pablos
Ni la más terrorífica obras literaria se equipara a la monstruosidad que significa violar la libertad sexual. En lo más oscuro y perverso del alma, nacen esas oscuras y malignas ideas que se materializan y causan un daño indeleble, imborrable en las víctimas.
La violación sexual es muda agresión en las casas y sus ecos difícilmente salen de la intimidad. En la cotidianidad estas agresiones son alarmantes. La Secretaría de Salud (Ssa) estima que en México ocurren alrededor de 120,000 violaciones al año, una violación cada cuatro minutos.
El director general del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, Luis de la Barreda, se atrevió a hablar de lo que nadie dice y a escribir de lo que diariamente se pasa por alto: los delitos sexuales.
En su libro ¿Qué es esta monstruosidad? (Cal y Arena) explica desde el punto criminalista que el violador no incurre en un ultraje por motivos placenteros sino por el único fin de minimizar a la víctima, de llevarla a la inferioridad, sobrepasar por ella y dañarla.
“El tema es algo terrible, ¿cómo puede el ser humano disfrutar de imponer la cópula a otro ser humano?, es algo que pueden explicar las ciencias sociales y las ciencias naturales, pero no dejan de causar horror”, dijo Barreda.
La mayoría de las víctimas de violación son mujeres y menores, la Ssa reveló que 65% de las víctimas de ultraje son mujeres de entre 10 y 20 años. En 70% de los casos los agresores forman parte de su entorno familiar y social.
“La lucha contra la violación es un enorme avance en el proceso civilizatorio, la violación no siempre fue considerada como un delito, la violación fue considerada como una conducta más o menos normal o ‘natural’ en diversas sociedades.”
Hasta hace una década se comenzó a tipificar como violación a la relación sexual forzada entre cónyugues. Barreda explicó que durante mucho tiempo se pasó desapercibido este tipo de actos e incluso se entendía que “se estaba ejerciendo un derecho”.
“La violación dentro del matrimonio no era considerada como tal, no era considerado un delito, apenas en la década de los 90 se empieza a resolver y a generar en las leyes que un hombre nunca, bajo ninguna circunstancia, tiene derecho a imponerle la cópula a su mujer.”
En México hasta 2010 sólo en 12 estados de la República se había tipificado la violación sexual conyugal como un delito. Barreda explicó que aún existen muchos “vacíos legales” para la sanción de estas agresiones.
En su libro, relata cómo actualmente existen un sinfín de prejuicios sobre las víctimas de estos terribles crímenes. Asegura que en el pasado varios jueces aminoraban el hecho bajo el argumento de que la víctima “había provocado la violación” a causa de su belleza o coqueterías.
“En la casa en donde crecí, en la casa de mis padres no se nos hablaba de las cosas más miserables del mundo, se nos quería proteger de estas miserias de la realidad, cuando descubrí que en la realidad existían cosas tales como la violación, me quedé perplejo y horrorizado”, confesó Barreda.
Aunque no es noticia que el hombre como especie es capaz de cometer atrocidades, como el canibalismo o las violaciones sexuales, resulta inevitable sentir escalofríos y la piel erizada al escuchar testimonios terribles sobre las mujeres de Atenco, sin embargo no son las únicas víctimas.
“El canibalismo ocurre de manera esporádica, pero la violación se presenta de manera importante. En ciertos contextos como en una guerra es frecuente y que los soldados tomen a las mujeres como botín de guerra para vengarse del enemigo, es algo verdaderamente aberrante.”
La realidad es que los ultrajes ocurren con tanta cotidianidad que la frecuencia de perversión debería ser igualmente de alarmante que el mismo acto. Barreda dijo que en la medida en que eso lo consideremos intolerable e infrahumano estaremos dando paso en la lucha para que todos puedan vivir con libertad sus derechos sexuales.








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